viernes, 5 de abril de 2013


Saul Bellow

el Hombre en suspenso


Marco Antonio Regalado Reyes

Desde su primera novela, Saul Bellow nos muestra que el hombre es un ser en suspenso, sostenido por la fuerza de su ser y estar en la vida, nació en una familia judía de origen ruso, que emigró a Canadá; con nueve años marchó a Chicago. Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Chicago, estudios que abandonó para licenciarse en Antropología y Sociología en la Universidad Northwestern. Hizo estudios de postgrado en la Universidad de Wisconsin que abandonó tras su primer matrimonio. Trabajó como profesor en el Colegio Pestalozi-Froeble en Chicago y en la editorial de la Enciclopedia Btritánica. Llegada la Segunda Guerra Mundial, fue rechazado por el ejército, sirviendo en la marina mercante. Tras la guerra, fue profesor en las universidades de Minnesota, Nueva York, Princeton y Puerto Rico.

Saul Bellow muestra desde su primera novela que, es un escritor con una fuerte personalidad literaria, muy parecida a la de Norman Mailler, Ernest Hemingway o Jack London entre otros grandes escritores, con una personalidad fuerte y determinante, si no padre si uno de los precursores más importantes de una línea de novela completamente original, fiel reflejo de la filosofía de toda una generación de urbanistas judeoamericanos que abrirá camino a escritores como Philip Roth, Bernard Malamud, J.D. Salinger o Paul Auster.

En 1944, publicó su primer novela “Hombre en suspenso”, refleja la ansiedad y la preocupación de un joven que espera ser movilizado en tiempo de guerra; en ella esboza temas a los que regresará en obras posteriores como en “Herzog” o en “La víctima”, así también como la necesidad del hombre de expresar sus sentimientos más íntimos, la naturaleza de la libertad o la posibilidad de elegir, reflexiones que se hace Joseph en su diario durante un año sabático, obligado, en el que espera una incorporación a filas que no acaba de llegar; sus apuntes son testimonio de su incesante deambular por las calles de Chicago, de sus recuerdos, y de su reacción psicológica a la inactividad mientras la guerra ruge a su alrededor. 1

A esta primera novela le siguió “La víctima” (1947). Mas que la víctima, la novela debió llamarse “La culpa”, casi un trauma muy judío; en ella, Asa Leventhal, con su esposa fuera de casa visitando a su madre, disfruta del tiempo que le toca estar solo. Una tarde, mientras busca alivio en un parque por la ola de calor que se abate sobre Nueva York, es abordado por un hombre desgarbado que lo acusa de haber arruinado su vida. Tras intentar sin éxito convencerlo de su error, Leventhal sucumbirá poco a poco a la historia del extraño hasta creer, de hecho, que es efectivamente responsable de un irreparable daño. 2

Tras obtener una beca de la fundación Guggenheim, Bellow vivió durante un tiempo en Europa, donde escribió la mayor parte de su novela, “Las aventuras de Augie March” (1953). Esta novela, un largo relato libremente estructurado con un héroe de corte picaresco, ofrece un vivo y humorístico retrato de la comunidad judía de Chicago a través de un joven en busca de su identidad. La humanidad moderna, amenazada con perder su identidad pero aún no destruida espiritualmente, es el tema de sus obras posteriores. Con un estilo narrativo a medio camino entre el naturalismo y el existencialismo, entre el determinismo y la aceptación del destino, y el Chicago de los años treinta y cuarenta del pasado siglo como telón de fondo, la historia de Augie March, un pícaro de carácter débil que se mueve entre los desheredados de la América posdepresión, es la búsqueda del significado de la vida, algo indudablemente situado entre las circunstancias que determinan la personalidad y el deseo de reencontrar el yo esencial. 3

“Carpe Diem” (1956), es una narración envolvente, su mordaz sentido del humor, la descripción minuciosa de la geografía interior -y exterior- de los personajes que habitan esta novela y el talento para analizar el comportamiento humano demuestran por qué el autor está considerado uno de los narradores más lúcidos del siglo XX. Carpe diem, “vive el momento”, “sumérgete en el aquí y el ahora”, es de esos latinajos o frases salidas de la boca del extravagante doctor Tamkin como un dudoso elixir milagroso rebotan contra los tímpanos de Wilhelm, un hombre acosado por varios frentes: actor fracasado, danza al son de las exigencias de su ex mujer y sus dos hijos, despreciado por la empres que le despidió en lugar de otorgarle el ascenso prometido y ninguneado por la soberbia y frialdad de su propio padre. Pero la esperanza es lo último que se pierde, y ahora ésta se ha encarnado en setecientos dólares.4

“Henderson, el rey de la lluvia” (1959), el autor explora todo el color y el exotismo del continente africano en este libro hilarante. “Eugene Henderson” es el clásico norteamericano millonario de mediana edad que, en busca de una nueva vida, decide instalarse a vivir en medio de una tribu africana. Las hazañas hercúleas de Henderson y su incontrolable pasión por la vida le granjearán la admiración de la tribu, pero será su don de hacer llover lo que le convertirá de un simple héroe en un mesías. Una historia desternillante, por momentos hasta grotesca, en la que Bellow muestra su capacidad de retratar a los seres humanos, así como las fuerzas que los guían a través de la vida. 5

"Los hechos comienzan a abrumarme, y enseguida siento una opresión en el pecho. Luego se desencadena una avalancha desordenada: ¡Mis padres, mis esposas, mis novias, mis hijos, mi granja, mis animales, mis hábitos, mi dinero, mis clases de música, mi ebriedad, mis prejuicios, mi brutalidad, mis dientes, mi cara, mi alma! Y no me queda más remedio que clamar: ¡No, no, aléjense de mí, malditos! Déjenme en paz! ¿Pero pueden acaso dejarme en paz? Me pertenecen, son míos". 6

“Herzog” (1964) es el retrato multifacético de un héroe de los tiempos modernos, Moses Herzog: bromista, quejoso, encantador y gran sufridor. Aunque su vida se desintegra paulatinamente ante sus ojos - ha fracasado como profesor, como escritor y como padre, amén de ser abandonado por su mujer en favor de su mejor amigo-, Herzog se ve a sí mismo como un sobreviviente, tanto frente a sus desastres domésticos como al pasar de los años. Ocupa su tiempo escribiendo cartas que nunca serán enviadas, a amigos y enemigos, a colegas y a gente famosa, revelando con ironía sus percepciones del mundo que lo rodea, así como los secretos más profundos de su alma. 7

La criatura más pintoresca de la novela, sin duda alguna, es el propio Herzog, quien, a un mismo tiempo es un símbolo, es también una personalidad concreta pletórica de vitalidad. Estrafalario, ansioso, desbocado, impráctico, inteligente, melodramático, cultísimo, tortuoso y tierno, nos deja una impresión muy fuerte, aunque contradictoria. Es imposible no compadecerlo, porque es verdad que sufre, y, sobre todo, porque su desgracia es haber creído en las “grandes ideas” y haberlas usado como norte de su propia vida. Pero, de otro lado, no hay duda que buena parte de sus problemas se los ha buscado él mismo; e, incluso, es probable que no pueda vivir sin ellos. Porque a Herzog le gusta sufrir casi tanto como plañir, qué duda cabe. ¿Por qué seguiría tan enamorado de Madeleine, si no fuera así? Las mujeres que son dóciles y tiernas con él, como la japonesa Sono Oyuki, o que harían cualquier cosa por hacerlo feliz, como Ramona, a él lo dejan tibio, se desencanta de ellas muy pronto. En cambio, Madeleine, que lo domina y lo maltrata, que lo explota, se le ha metido en el fondo del alma y es probable que nunca la saque de allí. 8

“El planeta de Mr. Sammler” (1970), galardonadas con el National Book Award (Premio Nacional del Libro), retratan a los intelectuales judíos en su lucha contra el malestar espiritual que los rodea; y también es una meditación, tan audaz como serena, sobre el futuro de la civilización occidental. Siguiendo a Artur Sammler, un intelectual educado en la filosofía y la literatura occidentales y superviviente del Holocausto, Bellow pasea por las peligrosas calles del West Side neoyorquino, prestando la misma atención a los carteristas de autobús que a las teorías sobre la consecución de la utopía -o la inminente llegada del Apocalipsis- recién generadas por la llegada del hombre a la Luna. Y en sus interminables paseos por la ciudad, caótica y siempre cambiante, Mr. Sammler recuerda los horrores de un pasado no tan lejano, reflexiona sobre la locura del presente y se pregunta sobre un futuro incierto. 9

“Las memorias de Mosby y otros relatos”, de 1971 es donde, Harry Fonstein, un judío que se salvó del nazismo en la II Guerra Mundial gracias a la intervención  de Billy Rose, una celebridad de Broadway. Pasan los años y Fonstein, ya convertido en un próspero hombre de negocios, quiere darle las gracias a Rose. Pero este nunca lo recibe, porque hacerlo implica volver al pasado. 10

En el relato que da el título al libro, el doctor Willis Mosby, un diplomático jubilado, decide que al volumen de sus Memorias le está faltando humor, de modo que, mientras el narrador nos cuenta quién es Mosby, y Mosby se encarga de contarse a sí mismo las patéticas peripecias de un judío socialista devenido en capitalista por amor en la Francia de la pos-guerra: un tal Lustgarten. La estructura le conviene a Bellow por muchos motivos, uno de ellos es que en la combinación de tiempos y escenarios narrativos (el presente de Mosby y los recuerdos de Mosby), quedan muchos resquicios para las ideas (filosóficas, políticas, sociales, económicas). La acción no es lo central aquí, en todo caso es un vehículo para otras intenciones. Sin historia, o con una historia hiper-fragmentada, intermitente y volátil, Bellow gana la apuesta. Al final del relato, tanto Mosby como Lustgarten existen para nosotros, han cuajado. 11

Despues encontramos relatos como: “Irse de la casa amarilla” es el segundo y, tal vez, el mejor relato del volumen. La alcohólica y perezosa anciana Hattie Simmons vive sola en la casa que ha heredado de su empleadora ya fallecida. Su casa está en algún punto rural del oeste norteamericano hacia mediados del siglo XX. Hattie se rompe el brazo en un accidente, sin descendencia, sin familiares cercanos, apenas con un par de vecinos solícitos y otros hoscos, este relato (de estructura más “clásica” que el primero) es la historia de un carácter. “El viejo sistema” cuenta la historia del enriquecimiento de Isaac Braun, la enemistad mortal con su obesa hermana Tina y, detrás de todo eso, habla de la tensión inconciliable entre la espiritualidad y el materialismo. Excelente retrato de la vida de un judío rico de Chicago. “Buscando a Mr. Green” tiene algo de Beckett y algo de Kafka, aunque Bellow parece decidido a eludir las posibles interpretaciones alegóricas. Mr. Grebe debe encontrar a Mr. Green para darle un cheque de la beneficencia. Grebe es blanco, pero Green es negro y vive en un barrio negro donde las personas rara vez están un mes en el mismo sitio, y encontrar a un hombre, aún para darle dinero, no es una tarea simple. “Los manuscritos de Gonzaga” es la historia de la búsqueda de Clarence Feller, un estudioso de literatura española que llega a España en pleno régimen franquista con el fin de hallar las cartas de amor que un poeta republicano (¿Miguel Hernández?) le escribiera a cierta condesa. La pesquisa lo lleva a conocer diversos personajes que sistemáticamente le toman el pelo o lo increpan sobre la política bélica de EEUU. En tanto, “Un futuro padre” es el peor cuento del libro, poco más que un chiste al que se le ha otorgado demasiado esfuerzo.

Se podría decir que la mayoría de estos cuentos (a excepción del segundo y el tercero) han envejecido mal. Demasiado atados a un contexto histórico particularísimo, leerlos a la distancia puede provocar un placer por momentos más historiográfico que literario. Sin embargo, habría que preguntarse si toda la literatura ha de ser escrita con miras de perdurar, de convertirse en un clásico que atraviese las épocas. Si el lector piensa que sí, tal vez este libro, como tantos otros, no sea para él. Pero quizá convendría pensar en cuánta necesidad tienen ciertas épocas de ciertas obras, cuánta luz aportan en el momento necesario esas obras, aunque luego pase su tiempo y la luz cese o se aplaque. Algo de eso, pienso, puede haber pasado con estos relatos. 12

“El legado de Humboldt” (1975). Durante muchos años, el gran poeta Von Humboldt Fleisher y Charlie Citrine, un joven completamente inflamado por el amor a la literatura, han sido los mejores amigos. Pero cuando le llega la muerte, Humboldt es un escritor fracasado y la vida de Charlie ha llegado a un punto crítico: su carrera profesional no avanza, está sumergido en un espantoso divorcio, liado con una mujer joven con la que no encaja y frecuenta compañías poco recomendables. ¿Cómos salir de todo eso? La última voluntad de Humboldt, que protege a su amigo Charlie desde su tumba, es un 'legado' que puede ayudarle a tomar de nuevo las riendas de su vida. El legado de Humboldt, según la crítica una de sus mejores novelas. Bellow recibió el Premio Pulitzer en 1976 por y tres meses más tarde fue laureado con el Premio Nobel de Literatura (1976). 13

“Ida y vuelta a Jerusalén” (1976), Jerusalén, es el pretexto de este libro de Bellow, pero también es testimonio impactante y atractivo, y es también un intento riguroso para llegar a entender la historia y el futuro de Israel. Bellow anota las diversas opiniones, pasiones y sueños de distintos israelíes: Yitzak, Rabin, Amos Oz, el editor del periódico en árabe más grande de Israel, un kibbutznik que escapó del gueto de Varsovia; Bellow va hilando esta historia a un mismo tiempo que nos sumerge en sus preocupaciones y dudas; pero también, sumergiéndose en la cultura y los paisajes de este 'pequeño estado en crisis permanente’, y añade sus propias reflexiones sobre ser judío en el siglo XX. 14
El autor prosigue su análisis de la cultura contemporánea en “El diciembre del Decano” (1982). Es un estudio reflexivo de su visita a Israel, Albert Corde, decano de la facultad de periodismo de Chicago, no está preparado para la violenta respuesta social que han tenido sus artículos sobre la corrupción imperante en la ciudad o su enredo en el proceso contra dos negros sospechosos del asesinato de un estudiante blanco. Acusado de traicionar a su ciudad, de ser un loco incívico y un racista, durante un viaje que le lleva a Bucarest, donde su suegra agoniza, Corde no puede evitar establecer severas comparaciones entre la corrupción y la deshumanización de la tiranía comunista, y las putrefactas y abandonadas calles de Chicago. Mediante la yuxtaposición de diferentes acontecimientos -tanto públicos como privados- que se suceden simultáneamente en ambas ciudades, Bellow ilustra hábilmente cómo el remolino de fuerzas que sacude al hombre contemporáneo puede reunirse para provocar su fracaso. 15

“Son más los que mueren de desamor” (1987), Bellow regresa al escenario del Medio Oeste de Estados Unidos. Kenneth, el errático narrador de esta novela, al explicar por qué abandona su París natal para trasladarse al Medio Oeste norteamericano, dice: 'Estados Unidos está donde está la acción'. Peo también desea estar cerca de su amado tío, el mundialmente famoso botánico Benn Crader, para aprender de él la sabiduría de la vida. Benn es un individuo inquieto: ha recorrido las selvas de la India, las montañas chinas, la jungla brasileña, la Antártida... ¿Por qué viaja tanto? Sumergirse en el estudio de las plantas no es suficiente para él; también busca satisfacciones humanas: sus constantes viajes tienen una razón erótica. Posee el fino humor de una farsa a la francesa. Buena parte de la acción se basa en iconos de la cultura popular norteamericana, como los dibujos de Charles Adams y Psicosis, de Alfred Hitchcock. Pero junto con el carácter tragicómico del argumento brilla un ingeniosos examen de la sexualidad contemporánea. 16

“Ravelstein” en el 2000, Bellow iniciaa el nuevo siglo contándonos una historia que transcurre en el Hotel Crillon de París, Abe Ravelstein y su amigo Chick celebran, entre lujos y excentricidades, el éxito del revolucionario libro del primero. Tras años como brillante profesor universitario, con un salario que no le permitía alcanzar la vida hedonista y fastuosa que tanto deseaba, Ravelstein se ha convertido por fin en un intelectual millonario. Así se inicia la travesía por las emociones y las ideas de estos dos fascinantes personajes, que recorren en sus valientes conversaciones temas como el amor, la historia, la política y el humor. 17

“La verdadera” (2000). El autor de la memorable Herzog, revela en esta historia el secreto muy bien guardado de un individuo solitario y desconcertante. En el pasado de Harry se oculta un primer gran amor que no ha muerto. Un millonario le impulsará a la imprevisible realidad, la de una relación hasta hace poco hipotético. Harry Trellman, es un maduro y astuto hombre de negocios, nunca ha pertenecido a nadie: ni en el orfanato al que le envió su madre cuando era niño, ni en el instituto (era demasiado inteligente), ni en el trabajo. Sus relaciones con los otros son, como todo en su vida, extraordinarias e irregulares. Desde su atalaya de “malquerido”, Harry ha desarrollado un talento especial para calar a los demás. Y es por eso que el millonario Sigmund Adletsky le ha contratado como asesor personal. Adletsky no tarda mucho en descubrir que tras la estoica máscara de Harry existe una oculta pasión que ya dura cuarenta años: Amy Wustrin, una diseñadora de interiores divorciada dos veces. En la exhumación del cadáver de uno de los maridos de Amy, y en su traslado a su nueva sepultura, Sigmund brindará a Harry la oportunidad de revelarle a Amy esos sentimientos que ha atesorado durante toda una vida. En esta novela deslumbrante, Saul Bellow, cómico y sabio a un tiempo, reflexiona sobre la persistencia del primer amor.18

“Cuentos reunidos” (2003), Saul Bellow es, quizá, uno de los más importante prosista americanos,  y dentro de cincuenta años, también, alguien dirá que de la prosa universal. Su escritura registra no solo el pesimismo de la vida como en sus otras obras; también refleja la alegría de la vida: la alegre libertad arrolladora de sus frases atrevidas. Estas cualidades están presentes en las historias cortas de Bellow tan plenamente como en sus novelas. Saul Bellow ha sido aclamado como uno de los mayores escritores de Estados Unidos. Durante más de sesenta años ensanchó la sensibilidad de sus lectores, su imaginación y sus corazones con hilarantes observaciones sobre la vida y las personas. Este volumen reúne, por primera vez en bolsillo, todos sus relatos. Ricos, precisos, variados y exuberantes, despliegan la brillantez estilística y emocional que caracteriza a Bellow. Son un tesoro para sus seguidores de siempre y, a la vez, una manera excelente de adentrarse en su obra. 19

Saul Bellow, falleció  el 5 de abril de 2005 a los 89 años (hace 8 años), y fue uno de los mayores novelistas del siglo XX. Podríamos compara la portentosa galería de personajes del autor de Herzog con la de los mejores escritores de los últimos tiempos, y no encontraríamos gran diferencia, es una estética literaria oscilando entre el ser y el estar, entre el pertenecer a un mundo y a un mismo tiempo padecerlo. A través de entrevistas y artículos en torno a él y su obra, podemos percatarnos de que los grandes escritores, los auténticos al menos, nunca aceptaron del todo el mote de intelectual, y entre más escarbamos en sus vidas, ellos más tratan de alejarse. Termino con una cita de Herzog, una de las mejores obras, de este judío-americano, que nos ayuda a comprender la vida.

"...ahora puedo decir que me he librado de la principal ambigüedad que afecta a los intelectuales: y es que los individuos civilizados odian a esa civilización que hace posibles sus vidas. Lo que les atrae es una imaginaria situación humana inventada por su propio genio y que para ellos es la única realidad humana verdadera. ¡Qué extraño! Pero la parte de toda sociedad mejor considerada y más inteligente suele ser precisamente la más desgraciada".



Bibliografía
1)       El hombre en suspenso, (“Dangling Man”, título original). Saul Bellow. Ed., Debolsillo. 2005 (1944). Traducción por: Jordi Fibla.
2)       La víctima, Saul Bellow, Ed., Debolsillo, 2005 (1947) Traducción por: José Luis López Muñoz.
3)       Las aventuras de Augie March, (The Adventures of Augi March). Saul Bellow, Ed., Debolsillo. 1953. Traducción por: Patricio Ros y Carlos Grosso.
4)       Carpe Diem, Saul Bellow, Ed., Debolsillo, 2011 (1956).
5)       Henderson, el rey de la lluvia, Saul Bellow, Ed., de bolsillo. 1959.
6)       Idem.
7)       Herzog, Saul Bellow, Ed., Debolsillo. 1964 (2008).
8)       http://www.criticadelibros.com/drama-y-elemento-humano/herzog-saul-bellow/
9)       El planeta de Mr. Sammler, Saul Bellow, Ed., Deblsillo, 1970 (2005).
10)    Las memorias de Mosby y otros relatos, Saul Bellow, Ed., 1971 (1980).
11)    http://clubdecatadores.wordpress.com/2011/08/16/las-memorias-de-mosby-y-otros-relatos-saul-bellow/
12)    Idem.
13)    El legado de Humboldt, Saul Bellow, Ed., Galaxia Gutenberg, 1975 (2009).
14)    Ida y vuelta a Jerusalén, Saul Bellow, Ed., Península, 1976.
15)    El diciembre del Decano, Saul Bellow, Ed., Debolsillo,1982. Traducción por: Jesús Pardo.
16)    Son más los que mueren de desamor, Saul Bellow, Ed., Debolsillo, 1987.
17)    Suma y sigue, Saul Bellow, Ed., Debolsillo, 1994.
18)    Ravelstein, Saul Bellow, Ed., Debolsillo, 2000.
19)    La verdadera, Saul Bellow, Ed., Alfaguara, 2000.
20)    Cuentos reunidos, Saul Bellow, Ed., Debolsillo, 2003
21)    Todo cuenta. Del pasado remoto al futuro incierto, Saul Bellow, Ed., 2005 (2007).
22)    http://www.lecturalia.com/libro/8891/cuentos-reunidos

martes, 2 de abril de 2013


EL  JUGUETE  RABIOSO


por Marco Antonio Regalado

Roberto Bolaño habla de la literatura argentina en su libro “Paréntesis”, y afirma que es Borges el mejor escritor: “…Si el Martín Fierro domina la literatura argentina y su lugar es el centro del canon, la obra de Borges, probablemente el mayor escritor que haya nacido en Latinoamérica, es sólo un paréntesis”. Bolaño habla de tres líneas para situar ala literatura argentina y situa a Artl en la segunda de una manera muy particular: “…Roberto Arlt, aunque es muy probable que Arlt sea totalmente inocente de este desaguisado”. Un desaguisado cuyo apóstol, “el fundador de su iglesia, es Ricardo Piglia. A menudo me pregunto: ¿qué hubiera pasado si Piglia, en vez de enamorarse de Arlt, se hubiera enamorado de Gombrowicz? ¿Por qué Piglia no se enamoró de Gombrowicz y sí de Arlt? ¿Por qué Piglia no se dedicó a publicitar la buena nueva gombrowicziana o no se especializó en Juan Emar, ese escritor chileno similar al monumento al soldado desconocido? Misterio”.

Roberto Arlt fue un novelista y dramaturgo argentino, que abrió el camino a una nueva narrativa de tema urbano. Nació en Buenos Aires el 2 de abril de 1900, hijo de padre alemán y madre italiana. Abandonó la escuela primaria antes de aprobar el tercer curso, aunque a los ocho años ya escribió sus primeros relatos. Pronto fue un fiel frecuentador de la biblioteca del barrio donde leía libros de tendencia anarquista y luego a los escritores rusos Gorki, Tolstoi y Dostoievski. Entró en la Escuela Mecánica de la Armada de donde le expulsaron en 1910, lo que provocó conflictos con su padre.

En 1924 comienza a relacionarse con los escritores de Florida y Boedo a cuyas diferencias poéticas y políticas asiste pero sin adherirse a ninguna en particular. Entró como secretario de Ricardo Güiraldes en 1924 y empezó a publicar en la revista Proa que Güiraldes dirigía; también escribió crónicas policiales en el diario Crítica, y desde entonces se dedicó al periodismo.

En 1930 obtuvo el tercer premio del Concurso Literario Municipal con su novela “Los siete locos” (1932) que es un examen desesperado sobre la desorientación que provocó la I Guerra Mundial. Viaja a España y a su regreso a Argentina se encuentra con Juan Carlos Onetti con el que mantuvo una buena amistad.

Roberto Arlt llevó una vida llena de privaciones y de todo de tipo de problemas y Onetti ha dicho de él: "Es el último tipo que escribió novela contemporánea en el Río de la Plata". Su primer libro, “El juguete rabioso” (1926), es una de las mejores novelas argentinas. Llena de rasgos autobiográficos y picarescos, expresa angustia y violencia con un soporte lingüístico áspero, vivísimo, al narrar la iniciación de un adolescente al mundo del hampa.

Cuando tenía catorce años me inició en los deleites y afanes de la literatura bandoleresca un viejo zapatero andaluz que tenía su comercio de remendón junto a una ferretería de fachada verde y blanca, en el zaguán de una casa antigua en la calle Rivadavia entre Sud América y Solivia.
Decoraban el frente del cuchitril las policromas carátulas de los cuadernillos que narraban las aventuras de Montbars el Pirata y de Wenongo el Mohicano. Nosotros los muchachos al salir de la escuela nos deleitábamos observando los cromos que colgaban en la puerta, descoloridos por el sol.
A veces entrábamos a comprarle medio paquete de cigarrillos Barrilete, y el hombre renegaba de tener que dejar el banquillo para mercar con nosotros.
Era cargado de espaldas, carisumido y barbudo,y por añadidura algo cojo, una cojera extraña, el pie redondo como el casco de una muía con el talón vuelto hacia afuera.
Cada vez que le veía recordaba este proverbio, que mi madre acostumbraba a decir: "Guárdate de los señalados de Dios."
Solía echar algunos parrafitos conmigo, y en tanto escogía un descalabrado botín entre el revoltijo de hormas y rollos de cuero, me iniciaba con amarguras de fracasado en el conocimiento de los bandidos más famosos en las tierras de España, o me hacía la apología de un parroquiano rumboso a quien lustraba el calzado y que le favorecía con veinte centavos de propina.
Como era codicioso sonreía al evocar al cliente, y la sórdida sonrisa que no acertaba a hincharle los carrillos arrugábale el labio sobre sus negruzcos dientes.
Cobróme simpatía a pesar de ser un cascarrabias y por algunos cinco centavos de interés me alquilaba sus libracos adquiridos en largas suscripciones.
Así, entregándome la historia de la vida de Diego Corrientes, decía: — Ezte chaval, hijo... ¡qué chaval! . . . era ma lindo que una rroza y lo mataron lo miguelete. . .

Temblaba de inflexiones broncas la voz del menestral:

— Ma lindo que una rroza... zi er tené mala zombra. ..
Recapacitaba luego:

— Figúrate tú... daba ar pobre lo que quitaba al rico... tenía mujé en toos los cortijos... si era ma lindo que una rroza...

En la mansarda, apestando con olores de engrudo y de cuero, su voz despertaba un ensueño con montes reverdecidos. En las quebradas había zambras gitanas... todo un país montañero y rijoso aparecía ante mis ojos llamado por la evocación.

— Si era ma lindo que una rroza — y el cojo desfogaba su tristeza reblandeciendo la suela a martillazos encima de una plancha de hierro que apoyaba en las rodillas.
Después, encogiéndose de hombros como si desechara una idea inoportuna, escupía por el   colmillo a un rincón, afilando con movimientos rápidos la lezna en la piedra.


En “Los siete locos” (1929) y “Los lanzallamas” (1931), donde se aprecia la influencia de Fiódor Dostoievski, uno de sus escritores preferidos, vuelve a aparecer retratado de modo muy realista el mundo de los bajos fondos de Buenos Aires, con sus tangos, delincuentes, prostitutas y rufianes.

" Sí, llegará un momento en que la humanidad escéptica, enloquecida por los placeres, blasfema de impotencia, se pondrá tan furiosa que será necesario matarla como a un perro rabioso...Será la poda del árbol humano... una vendimia que sólo ellos, los millonarios, con la ciencia a su servicio, podrán realizar. Los dioses, asqueados de la realidad, perdida toda ilusión en la ciencia como factor de felicidad, rodeados de esclavos tigres, provocarán cataclismos espantosos, distribuirán las pestes fulminantes... Durante algunos decenios el trabajo de los superhombres y de sus servidores se concretará a destruir al hombre de mil formas, hasta agotar el mundo casi... y sólo un resto, un pequeño resto, será aislado en algún islote, sobre el que se asentarán las bases de una nueva sociedad. "

Arlt también escribió relatos, crónicas y obras de teatro renovadoras como “La isla desierta” (1937), un amargo retrato sobre la burocracia. Murió el 26 de julio de 1942 víctima de un ataque cardíaco.

Bolaño insiste en que Arlt es un buen escritor, pero “se me hace difícil soportar el desvarío —un desvarío gangsteril, de la pesada— que Piglia teje alrededor de Arlt, probablemente el único inocente en este asunto. No puedo estar, de ninguna manera, a favor de los malos traductores del ruso, como le dijo Nabokov a Edmund Wilson, mientras preparaba su tercer martini, y no puedo aceptar el plagio como una de las Bellas Artes. La literatura de Arlt, considerada como armario o subterráneo, está bien. Considerada como salón de la casa de una broma macabra. Considerada como cocina, nos promete el envenenamiento. Considerada como lavabo nos acabará produciendo sarna. Considerada como biblioteca es una garantía de la destrucción de la literatura. O lo que es lo mismo: la literatura de la pesada tiene que existir, pero si sólo existe ella, la literatura se acaba”.

La levedad


LA LEVEDAD

por Marco Antonio Regalado
No recuerdo cuando leí mi primer libro de Milan Kundera, pero podría asegurar que fue La insoportable levedad del ser, después me he ido volviendo un lector asiduo a sus palabras a su trabajo por la memoria y el olvido a su proyecto estético: la unión de los imposibles, lo más serio y lo más frívolo, lo más real y lo más lúdico, una especie de culto a lo ligero a la levedad del espíritu humano. El día de ayer Carolina o Alejandra mi amiga imaginaria, subió una nota donde se informaba acerca del cumpleaños 84 del autor; con ella creo que hemos sostenido larguísimas platicas acerca de la obra del otro señor “K”, y creo que estas aún no terminan – espero –; y por su culpa comencé a escribir este texto, sobre la novelística de Kundera, la cual también es una oscilación frecuente entre el olvido y la memoria, o bien un rescate del ser a través de su levedad.

Milan Kundera (Rep. Checa, 1929). Novelista checo. Nació un primero de abril en Brno, estudió en el Carolinum de Praga y dio clases de historia del cine en la Academia de Música y Arte Dramático desde 1959 a 1969, y posteriormente en el Instituto de Estudios Cinematográficos de Praga. También trabajó como jornalero y músico de jazz. Sus primeras novelas, entre las que se encuentran “La broma”, publicado en Praga en 1967, con ciento veinte mil ejemplares agotados en breves días, y tildado dos años más tarde de “Biblia de la contrarrevolución”, prohibido, retirado de todas las bibliotecas públicas, acogido en Francia por Louis Aragon como “una de las mayores novelas de nuestro siglo”, presentado en Estados Unidos por Philip Roth y traducido a veintiún idiomas, La broma es un libro que forma parte del destino de la Europa contemporánea. 1

"Niños, ustedes son el futuro, dijo y yo sé ahora que aquello tenía un sentido distinto de lo que pudiera parecer a primera vista. Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro. Niños, no miréis nunca hacía atrás, decía y quería decir que no debemos permitir nunca que el futuro se hunda bajo el peso de la memoria. Tampoco los niños tienen pasado y ese es el secreto de la encantadora inocencia de su sonrisa”. (3)

El autor nos advierte: “Es una novela de amor”. La novela es de un amor tierno e insatisfecho por Lucie, joven trabajadora de enigmática sencillez, y de un amor-odio, sensual y cínico, que Ludvik experimenta por Helena, esposa de su enemigo: el doble canto melancólico de la división entre carne y alma. Pero se trata también de la novela de una broma extraviada en un mundo que ha perdido el sentido del humor. Una chanza fútil y mal comprendida ha roto la vida de Ludvik, aterrado al advertir que su tragedia personal quedará para siempre adherida al ridículo de un chiste. La comedia privada está enlazada con el gran espectáculo de la política, que se nos aparece como un equívoco de ilusiones sociales; la Historia, que era una diosa para Hegel, se ha convertido en un personaje de vodevil. 2

“A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida, con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necesario resolver. Que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida, y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto. Que es una ficción? Es posible, es incluso probable, pero no soy capaz de librarme de esta necesidad de descifrar permanentemente mi propia vida”. (3)

Esta novela, a un mismo tiempo implacable y nostálgica, ya que no sólo son objeto de indagación la Historia, el amor, la juventud, sino también el hombre mismo, los hombres. Jean-Paul Sartre lo indicó: “La pregunta que plantea Kundera es sumamente radical: ¿por qué debiéramos sentir amor por ellos? Sí, ¿por qué? Tal vez podremos responder a esta pregunta un día, tal vez nunca”.

“El libro de los amores ridículos”, tal vez por haber sido escritas en el periodo (entre 1959, y 1968) el más feliz de la vida de Milan Kundera, según sus propias palabras, estas narraciones son las más alegres, las más seriamente desvergonzadas y las más reflexivamente divertidas de su obra. La farándula de personajes hedonistas que desfila aquí ante nosotros en busca de los juegos múltiples y contradictorios de la amistad, el amor y el sexo no puede sino incitar a la risa, atrapados como están en el mundo loco de severidad, hermetismo e inquisición que les rodea. Una risa auténtica, traviesa ; un humor sabio, sagaz y gozador, al que ya nos tiene acostumbrados el autor de “La insoportable levedad del ser”.

“Y así Eduard se sienta de vez en cuando en la iglesia y mira pensativo hacia la cúpula. Despidámonos de él precisamente en uno de esos momentos: es por la tarde, la iglesia está silenciosa y vacía. Eduard está sentado en un banco de madera y le da lástima que Dios no exista. Y precisamente en ese momento su lástima es tan grande que de las profundidades de ella surge de pronto el verdadero, vivificante rostro de Dios. (…) ¡Mírenlo! ¡Sí! ¡Eduard sonríe! Sonríe y su sonrisa es feliz (...) Consérvenlo, por favor, en su memoria con esta sonrisa”. (6)

“La vida está en otra parte” (1973), atacan con ironía al modelo de sociedad comunista. Tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968, perdió su trabajo y sus obras fueron prohibidas. El tema de La vida está en otra parte es el destino de un poeta, marcado desde su adolescencia por el signo de Rimbaud, que vive en el seno de una sociedad estalinista, en la que su conciencia deberá pactar con el humanismo oficial hasta llegar a la colaboración con las actividades policiales. En esta paradoja trágica, la Historia se encarga de sumergirnos en una atmósfera de ironía kafkiana.

“En la rima y el ritmo hay un poder mágico: el mundo imforme al ser apresado en un poema que responde a reglas fijas se vuelve repentinamente diáfano, regular, claro y bello. Si la muerte sobreviene precisamente cuando al final del verso anterior le ha tocado en suerte, hasta ella misma se conviete en parte armónica del orden establecido. Aunque el poema protestara contra la muerte, la muerte quedaría justificada, al menos como motivo de una bella protesta. Los huesos, las rosas, los féretros, las heridas, todo se convierte en el poema en un ballet y el poeta y su lector son los bailarines de ese ballet. Claro que los que bailan tienen que estar de acuerdo con el baile. A través del poema, realiza el hombre su concordancia con el ser, y la rima y el ritmo son los medios más drásticos de obtener esa concordancia. Y, ¿no necesita la revolución triunfante la certificación brutal del nuevo orden y, por lo tanto, una lírica llena de rimas? (5)

En 1975, consiguió emigrar a Francia, donde enseñó literatura comparada en la Universidad de Rennes (1975-1980), y más tarde en la École des Hautes Études de Paris. Como señala Carlos Fuentes: “Milan Kundera, el otro K de Checoslovaquia, no necesita acudir a forma alegórica alguna para provocar la extrañeza y la incomodidad con la que Franz Kafka invadió de formas luminosas un mundo que ya existía sin saberlo. Ahora, el mundo de Kafka sabe que existe. Los personajes de Kundera no necesitan amanecer convertidos en insectos porque la historia de la Europa central se encargó de demostrarle que un hombre no necesita ser un insecto para ser tratado como un insecto. Obra maestra de la actual narrativa europea, La vida está en otra parte ha revelado al público hispánico a uno de los grandes escritores de hoy”. 3

“El hombre que ha sido desterrado del refugio seguro de la infancia, quiere entrar en el mundo, pero, al mismo tiempo, le teme, y por eso crea con sus versos uno artificial, supletorio. Deja que sus poemas giren en torno a él, como las plantas lo hacen alrededor del sol; se convierte en el centro de un pequeño universo, en el que nada le es extraño, en el que se siente en su casa, como el niño dentro de la madre, pues todo está hecho de la misma materia que su alma. Allí es donde puede realizar todo eso que afuera es tan difícil; allí puede, como el estudiante Olker, ir con las masas proletarias a la revolución, y como el virginal Rimbaud, azotar a sus pequeñas amantes, pero esas masas y esas amantes no están hechas de la materia hostil de un mundo extraño, sino de la materia de sus propios sueños; son, por lo tanto, lo mismo que él y no interfieren la unidad del universo que ha construido para sí mismo". (5)

“El libro de la risa y el olvido” (1981) —unas memorias que provocaron la revocación de su ciudadanía checa—, Tamira, a quien el exilio obliga a trabajar como camarera, lucha desesperadamente contra el olvido que empieza ya a difuminar el recuerdo de su marido, muerto y a todas luces irreemplazable. La historia de esa hermosa exiliada contiene las dos verdades fundamentales del libro: la experiencia trágica de Praga y la de la vida en el mundo occidental, sometida a la perspectiva escéptica del autor. 4

"La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia”. (1)

Esta novela excepcionalmente viva en contrastes alterna situaciones políticas con escenas de un erotismo ambiguo, un relato onírico con una enorme farsa en la que unos poetas ebrios —Goethe, Petrarca y Lérmontov— intercambian frases tan incongruentes como insultantes. Las siete partes de esta “novela en forma de variaciones”, según el propio autor, se suceden como siete etapas de un viaje.
El humor aparece teñido de profunda tristeza: asombro ante la fragilidad y vulnerabilidad del erotismo, que en cualquier momento puede degenerar en risible pantomima; vértigo ante la Historia, cuya progresión es una carrera hacia su fin; reflexión sobre el destino del escritor y de su país, amenazado entonces por la aniquilación y el olvido. Desde sus inicios, Milan Kundera persigue un mismo proyecto estético: la unión de los imposibles, lo más serio y lo más frívolo, lo más real y lo más lúdico. En “El libro de la risa y el olvido”, lo ha alcanzado plenamente. (5)

“La insoportable levedad del ser” (1984) Es una historia de amor en medio de la represión y la burocracia, fue llevada al cine con éxito y se ha convertido en un texto clave de la historia de la disidencia en el este de Europa, situando a su autor entre los principales escritores del continente. Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente.

“Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte). Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. ¿Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”. (4)

La asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez.
“Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad”. (4)

Esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa por Tomás, el terco amor de éste por ella opuesto a su irreflenable deseo de otras mujeres, el idealismo lírico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad de ésta, amante también de Tomás, de perseguir incansable, una libertad que tan sólo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple anécdota en reflexión sobre problemas filosóficos que, afectan a cada uno directamente, cada día.

“La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes”. (4)

“La inmortalidad” (1991). A partir del gesto encantador de una mujer de cierta edad, el escritor crea el personaje de Agnes, alrededor de la cual aparecerán su hermana Laura, su marido Paul, y todo nuestro mundo contemporáneo en el que se rinde culto a la tecnología y la imagen. Pero ¿y si el hombre no fuera sino su imagen?, pregunta otro personaje, Rubens, quien comprueba finalmente que de la más excitante de sus amantes sólo le quedan dos o tres fotografías mentales. Esta novela transforma todos los aspectos del mundo moderno en cuestiones metafísicas. Su forma es polifónica: las aventuras de los personajes imaginarios se mezclan con la historia de dos candidatos a la inmortalidad, Goethe y Bettina von Armin; la reflexión sobre el nacimiento del homo senti-mentalis en la historia de Europa alterna con las peripecias parisienses del singular profesor Avenarius, para quien el mundo de hoy no sirve sino como objeto de juego. Kundera tiene el don de decir del modo más cristalino lo que a uno le resulta más difícil decirse, y en esta novela alcanza la cima de esta facultad.7

"Cuando era pequeña el padre le enseñó a jugar al ajedrez. Le había llamado la atención un movimiento que recibe el nombre de enroque: el jugador cambia en una sola jugada la posición de dos figuras: pone la torre junto al rey y desplaza al rey hacia la esquina, al lado del sitio que ocupaba la torre. Aquel movimiento le había gustado: el enemigo concentra todo su esfuerzo en amenazar al rey y éste de pronto desaparece ante sus ojos; se va a vivir a otra parte. Soñaba toda su vida con ese movimiento y soñaba con él tanto más cuanto más cansada estaba". (2)

“La despedida” (1975), en un balneario algo trasnochado convergen temporalmente ocho personas cuyas circunstancias se van entretejiendo paulatinamente hasta formar, con la precisión de una telaraña, una trama en la que todos, directa o indirectamente, acaban viéndose atrapados: el músico célebre y la hermosa enfermera que quiere quedarse embarazada; la celosísima esposa del músico y el joven mecánico enamorado de la enfermera; el ex convicto, víctima de las purgas de su país, que va a despedirse de la muy cerebral Olga; el ginecólogo, con sus fanfarrones proyectos demográficos; el rico excéntrico, una versión de santo moderno. La despedida tiene la ligereza y la magia de un vals, de “un sueño de una noche de verano”. Pero, tras esta forma intencionadamente frívola, se oculta la pregunta más grave: ¿merece el hombre vivir en esta tierra ? ¿Acaso no hay que “liberar el planeta de la garras del hombre”? En este sentido, cuesta imaginar algo más glacial y más profundo que la aparente ligereza de Kundera.

En “Jacques y su amo: Homenaje a Denis Diderot”, en 1972, el joven director de teatro francés Georges Werler fue a ver a Milan Kundera a Praga y se llevó bajo mano a París el manuscrito de su obra de teatro Jacques y su amo. Kundera la había escrito después de la invasión soviética, cuando toda su obra, pasada y futura, había quedado borrada de las letras checoslovacas. Es una antigua admiración por la novela de Diderot, Jacques el Fatalista, la que le inspiró este “divertimento en los tiempos de la peste”, esta muy libre “variación sobre Diderot”, en la que su imaginación se unió a la del gran escritor francés del Siglo de las Luces.

Siendo Diderot, para Kundera, ante todo un novelista, uno de los más originales que la Historia haya conocido, esta obra teatral es, paradójicamente, un encuentro con el Diderot novelista, en el que Kundera procura otorgar a su comedia toda la libertad formal que, según él, “el Diderot-autor teatral jamás conoció”.
Sobre la base frágil del viaje de Jacques y su amo se asientan tres historias de amor: la del Amo, la de Jacques y la de Mme. De la Pommeraye. La vinculación entre estas tres historias “es una evidente transgresión de lo que se llaman las leyes de la construcción dramática”, reconoce Kundera. De hecho, se entremezclan polifónicamente, y cada una de las tres historias es, a su vez, variación de la otra.

Es a partir de 1968, en la época en que Kundera vivía en Praga “el final violento de la cultura occidental”, cuando saborea esta deslumbrante libertad diderotiana como se saborean los valores condenados y sin porvenir. Por eso, quizá, la atmósfera libertina y el humor de este “homenaje teatral” estén empañados por cierta melancolía, desconocida en el siglo de los enciclopedistas. “Introducción a una variación”, que precede la obra, es una reflexión del autor sobre el arte de la novela, sobre Sterne y Diderot, sobre la técnica de las variaciones y sobre su propia obra. 8

Si alguien sabe escribir novelas, creo que uno de ellos es Milan Kundera, pero es a través del ensayo que nos lo dice, en “El arte de la novela” (1986), Kundera refiere:“¿Debo acaso insistir en que no tengo la más mínima ambición teórica y que este libro no es sino la confesión de un "practicante"? La obra de cada novelista contiene una visión implícita de la historia de la novela, una idea de lo que es la novela: es esta idea de la novela, inherente a mis novelas, la que he procurado dejar hablar”.

En estos siete textos relativamente independientes, pero vinculados en un único ensayo, Milan Kundera expone su concepción personal de la novela europea, —si creíamos que en el ensayo, Kundera dejaría la ligereza de la vida, nos equivocamos—, nos refiere: “arte nacido de la risa de Dios”. ¿Está su historia en vías de terminarse? El caso es que hoy, en la época de las “paradojas terminales”, la novela “ya no puede vivir en paz con el espíritu de nuestro tiempo: si aún quiere ‘progresar’ en tanto que la novela, no puede sino hacerlo en contra del progreso del mundo”.

Uno de los textos está dedicado a Hermann Broch, otro a Franz Kafka, y, desde la primera hasta la última línea, la reflexión de Kundera es una constante referencia a los autores que constituyen los pilares de su “historia personal de la novela”: Rabelais, Cervantes, Sterne, Diderot, Flaubert, Tolstoi, Musil, Gombrowicz. En dos diálogos, el autor habla de su propio arte (arte en el sentido casi artesanal de la palabra), de las distintas maneras de crear un “ego experimental”, transformarse como Borges en personaje de su propia literatura, en uno de sus personajes, de la polifonía, de la composición… 9

“La lentitud” (1994), Milan Kundera se sirve a la vez de una novela francesa del siglo XVIII y de una excursión que a él y a su mujer se les antoja hacer a un castillo de Francia convertido en hotel, para ir dando vida a una serie de personajes del pasado y del presente que terminan coincidiendo en un congreso de entomólogos que se celebra en sus salones. Personajes e historias de ayer y de hoy van entrelazándose de tal manera que a nadie sorprenderá, por ejemplo, que un hombre enfundado en un casco de motociclista, azorado e impaciente, se aleje en su moto a toda velocidad, mientras otro, con una peluca blanca, adormilado y ensimismado, se sube a una calesa que parece salida de una estampa del pasado : el primero desea sin duda dejar algo tras de sí a toda prisa ; el segundo, en cambio, parece disponerse a rememorar, al paso lento del caballo, la noche que acaba de pasar con la intrigante y seductora Madame de T.

“Los testamentos traicionados” (1995) Este ensayo está escrito como una novela: al filo de nueve partes independientes, los mismos personajes pasan y se cruzan: Stravinski y Kafka acompañados de sus peculiares amigos, Ernest Ansermet y Max Brod; Hemingway con su biógrafo; Leos Janacek con su pequeña nación; Rabelais con sus herederos: los grandes novelistas. El arte de la novela es la protagonista indiscutible de este libro, el espíritu del humor que lo engendró; su misterioso parentesco con la música; su historia, que evoluciona, como la de la música, en tres tiempos; la estética de su tercer tiempo, el de la novela moderna; su sabiduría existencial. 11

Es precisamente a la luz de esta “sabiduría de la novela” como examina en este libro las grandes situaciones de nuestra era : los procesos morales contra el arte del siglo, desde Céline hasta Maiakovski; el tiempo que pasa y hace que la identidad del “yo” presente se llene de incertidumbre con respecto al “yo” de ayer; el recuerdo como una forma de olvido —o el “Yo” oscilando ente el recuerdo y el olvido—; el pudor como noción esencial de una época basada en el individuo ; la indiscreción que, convertida en regla y costumbre, anuncia el crepúsculo del individualismo; la fuerza misteriosa de la voluntad de un muerto; los testamentos; los testamentos traicionados (de Europa, del arte, del arte de la novela, de los artistas). 12

“La identidad” (1996). Chantal y Jean-Marc viven juntos en París y se quieren, se quieren tanto que incluso parecen confundirse. Y es que, a veces, se dan situaciones en las que, por un instante, ninguno de los dos parece reconocerse, en el que la identidad del otro se disuelve y, de rechazo, duda de la suya propia. Todo el que ama, todo el que convive en pareja, lo ha vivido alguna vez, porque lo que más teme en el mundo quien ama es “perder de vista” al ser amado. Pues eso es lo que, poco a poco, va a empezar a ocurrirles a Chantal y a Jean-Marc. Pero ¿en qué instante, ante qué gesto y en qué circunstancia precisa comienza ese aterrador proceso? Kundera atrapa al lector en el pánico que acompaña ese instante de extravío y éste ya no tendrá más remedio que adentrarse en el laberinto que recorren Chantal y Jean-Marc y en el que más de una vez deberá cruzar la frontera de lo real y lo irreal —o entre lo que ocurre en el mundo exterior y lo que elabora una mente en solitario—.

“La ignorancia” (1996), una mujer y un hombre se encuentran por casualidad durante su viaje de regreso al país natal del que emigraron hace veinte años. ¿Podrán reemprender una extraña historia de amor, apenas iniciada entonces en su tierra? El caso es que, tras tan larga ausencia, “sus recuerdos no se parecen”. Porque “nuestra memoria, la pobre, ¿qué puede hacer? Sólo es capaz de retener del pasado una miserable pequeña parcela sin que nadie sepa por qué precisamente ésa y no otra…”. Vivimos sumidos en un inmenso olvido, y no queremos saberlo. Sólo aquellos que, como Ulises, vuelven después de veinte años a su Ítaca natal pueden ver de cerca, atónitos y deslumbrados, a la diosa de la ignorancia. 13

“El telón” (2000). Sólo el gran arte de la novela es capaz de desgarrar por un instante el telón de prejuicios y preinterpretaciones con que desciframos no sólo nuestra vida sino la historia entera de la humanidad. Más aún: tal vez la novela sea el último observatorio que nos permite abrazar la existencia humana en su conjunto y lanzar “una mirada al alma de las cosas”. Sólo un novelista y ensayista como Milan Kundera nos puede invitar tras el telón a participar en el secreto diálogo que mantienen los grandes nombres de la tradición occidental. Unas obras iluminan a otras, los escritores descubren aspectos inusitados en sus antecesores, que a su vez inspirarán a sus sucesores de muy diversa manera: Rabelais, Cervantes, Diderot, Fielding, Flaubert, Joyce, Kafka, García Márquez... El resultado es una pequeña y particular “pléyade” literaria que Kundera comparte con los lectores y una iluminadora historia personal de la literatura. 15

“Un encuentro” (2009), el autor reflexiona, como confiesa al principio del libro, sobre sus “viejos temas existenciales y estéticos”, lo cierto es que en este apasionado -y apasionante- “encuentro” con algunas obras maestras de la literatura, la música y la pintura, el escritor checo aborda cuestiones hasta ahora poco o nada transitadas en sus libros anteriores. Así, explora lo que la novela -y sólo la novela, esa “sonda existencial”- puede explicar sobre el ser humano, e indaga asimismo en las repercusiones, no siempre negativas, que el exilio tiene para el creador (con una emocionante comparación entre las dos Primaveras del 68, la de París y la de Praga). También desentraña el papel de la memoria ante las tragedias del siglo XX y habla de la lucha desesperada del verdadero artista por asumir lo mejor de la tradición de su arte (con una irónica pregunta sobre lo que la posteridad conserva finalmente de los autores). Por último, sostiene que sólo un análisis a fondo de la composición formal de una obra revela las intenciones estéticas de su autor (y lo demuestra con un breve y fascinante ensayo dedicado a kaputt y a la que califica de genial archinovela, “La piel”, de Curzio Malaparte).


Bibliografía
Índice de obras:
1.        Milan Kundera, La broma. Editorial: Tusquets, 2012 (1965)
2.        Idem
3.        Milan Kundera, La vida está en otra parte, Seix Barral 1969.
4.        Milan Kundera, El libro de la risa y el olvido, Seix Barral, 1978.
5.        Idem
6.        Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, Tusquets, 2008 (1984)
7.        Milan Kundera, La inmortalidad, Tusquets, 1988.
8.        Milan Kundera, Jacques y su amo: Homenaje a Denis Diderot, Tusquets, 1981.
9.       Milan Kundera, El arte de la novela, Tusquets, 1960.
10.    Milan Kundera, La lentitud, Tusquets, 1994.
11.    Milan Kundera, Los testamentos traicionados, Tusquets, 1992.
12.     Idem
13.    Milan Kundera, La identidad, Tusquets, 1996.
14.    Milan Kundera, La ignorancia, Editorial: Tusquets, 2000.
15.    Milan Kundera, El telón, Tusquets, 2009, (2005).
16.    Milan Kundera, Un encuentro, Tusquets, 2009.


Índice de Fragmentos
1)            El Libro de la risa y el olvido (fragmento)
2)            Inmortalidad (fragmento)
3)            La broma (fragmento)
4)            La insoportable levedad del ser (fragmento)
5)            La vida está en otra parte (fragmento)
6)         El libro de los amores ridículos (fragmento)

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