martes, 2 de abril de 2013

La levedad


LA LEVEDAD

por Marco Antonio Regalado
No recuerdo cuando leí mi primer libro de Milan Kundera, pero podría asegurar que fue La insoportable levedad del ser, después me he ido volviendo un lector asiduo a sus palabras a su trabajo por la memoria y el olvido a su proyecto estético: la unión de los imposibles, lo más serio y lo más frívolo, lo más real y lo más lúdico, una especie de culto a lo ligero a la levedad del espíritu humano. El día de ayer Carolina o Alejandra mi amiga imaginaria, subió una nota donde se informaba acerca del cumpleaños 84 del autor; con ella creo que hemos sostenido larguísimas platicas acerca de la obra del otro señor “K”, y creo que estas aún no terminan – espero –; y por su culpa comencé a escribir este texto, sobre la novelística de Kundera, la cual también es una oscilación frecuente entre el olvido y la memoria, o bien un rescate del ser a través de su levedad.

Milan Kundera (Rep. Checa, 1929). Novelista checo. Nació un primero de abril en Brno, estudió en el Carolinum de Praga y dio clases de historia del cine en la Academia de Música y Arte Dramático desde 1959 a 1969, y posteriormente en el Instituto de Estudios Cinematográficos de Praga. También trabajó como jornalero y músico de jazz. Sus primeras novelas, entre las que se encuentran “La broma”, publicado en Praga en 1967, con ciento veinte mil ejemplares agotados en breves días, y tildado dos años más tarde de “Biblia de la contrarrevolución”, prohibido, retirado de todas las bibliotecas públicas, acogido en Francia por Louis Aragon como “una de las mayores novelas de nuestro siglo”, presentado en Estados Unidos por Philip Roth y traducido a veintiún idiomas, La broma es un libro que forma parte del destino de la Europa contemporánea. 1

"Niños, ustedes son el futuro, dijo y yo sé ahora que aquello tenía un sentido distinto de lo que pudiera parecer a primera vista. Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro. Niños, no miréis nunca hacía atrás, decía y quería decir que no debemos permitir nunca que el futuro se hunda bajo el peso de la memoria. Tampoco los niños tienen pasado y ese es el secreto de la encantadora inocencia de su sonrisa”. (3)

El autor nos advierte: “Es una novela de amor”. La novela es de un amor tierno e insatisfecho por Lucie, joven trabajadora de enigmática sencillez, y de un amor-odio, sensual y cínico, que Ludvik experimenta por Helena, esposa de su enemigo: el doble canto melancólico de la división entre carne y alma. Pero se trata también de la novela de una broma extraviada en un mundo que ha perdido el sentido del humor. Una chanza fútil y mal comprendida ha roto la vida de Ludvik, aterrado al advertir que su tragedia personal quedará para siempre adherida al ridículo de un chiste. La comedia privada está enlazada con el gran espectáculo de la política, que se nos aparece como un equívoco de ilusiones sociales; la Historia, que era una diosa para Hegel, se ha convertido en un personaje de vodevil. 2

“A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida, con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necesario resolver. Que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida, y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto. Que es una ficción? Es posible, es incluso probable, pero no soy capaz de librarme de esta necesidad de descifrar permanentemente mi propia vida”. (3)

Esta novela, a un mismo tiempo implacable y nostálgica, ya que no sólo son objeto de indagación la Historia, el amor, la juventud, sino también el hombre mismo, los hombres. Jean-Paul Sartre lo indicó: “La pregunta que plantea Kundera es sumamente radical: ¿por qué debiéramos sentir amor por ellos? Sí, ¿por qué? Tal vez podremos responder a esta pregunta un día, tal vez nunca”.

“El libro de los amores ridículos”, tal vez por haber sido escritas en el periodo (entre 1959, y 1968) el más feliz de la vida de Milan Kundera, según sus propias palabras, estas narraciones son las más alegres, las más seriamente desvergonzadas y las más reflexivamente divertidas de su obra. La farándula de personajes hedonistas que desfila aquí ante nosotros en busca de los juegos múltiples y contradictorios de la amistad, el amor y el sexo no puede sino incitar a la risa, atrapados como están en el mundo loco de severidad, hermetismo e inquisición que les rodea. Una risa auténtica, traviesa ; un humor sabio, sagaz y gozador, al que ya nos tiene acostumbrados el autor de “La insoportable levedad del ser”.

“Y así Eduard se sienta de vez en cuando en la iglesia y mira pensativo hacia la cúpula. Despidámonos de él precisamente en uno de esos momentos: es por la tarde, la iglesia está silenciosa y vacía. Eduard está sentado en un banco de madera y le da lástima que Dios no exista. Y precisamente en ese momento su lástima es tan grande que de las profundidades de ella surge de pronto el verdadero, vivificante rostro de Dios. (…) ¡Mírenlo! ¡Sí! ¡Eduard sonríe! Sonríe y su sonrisa es feliz (...) Consérvenlo, por favor, en su memoria con esta sonrisa”. (6)

“La vida está en otra parte” (1973), atacan con ironía al modelo de sociedad comunista. Tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968, perdió su trabajo y sus obras fueron prohibidas. El tema de La vida está en otra parte es el destino de un poeta, marcado desde su adolescencia por el signo de Rimbaud, que vive en el seno de una sociedad estalinista, en la que su conciencia deberá pactar con el humanismo oficial hasta llegar a la colaboración con las actividades policiales. En esta paradoja trágica, la Historia se encarga de sumergirnos en una atmósfera de ironía kafkiana.

“En la rima y el ritmo hay un poder mágico: el mundo imforme al ser apresado en un poema que responde a reglas fijas se vuelve repentinamente diáfano, regular, claro y bello. Si la muerte sobreviene precisamente cuando al final del verso anterior le ha tocado en suerte, hasta ella misma se conviete en parte armónica del orden establecido. Aunque el poema protestara contra la muerte, la muerte quedaría justificada, al menos como motivo de una bella protesta. Los huesos, las rosas, los féretros, las heridas, todo se convierte en el poema en un ballet y el poeta y su lector son los bailarines de ese ballet. Claro que los que bailan tienen que estar de acuerdo con el baile. A través del poema, realiza el hombre su concordancia con el ser, y la rima y el ritmo son los medios más drásticos de obtener esa concordancia. Y, ¿no necesita la revolución triunfante la certificación brutal del nuevo orden y, por lo tanto, una lírica llena de rimas? (5)

En 1975, consiguió emigrar a Francia, donde enseñó literatura comparada en la Universidad de Rennes (1975-1980), y más tarde en la École des Hautes Études de Paris. Como señala Carlos Fuentes: “Milan Kundera, el otro K de Checoslovaquia, no necesita acudir a forma alegórica alguna para provocar la extrañeza y la incomodidad con la que Franz Kafka invadió de formas luminosas un mundo que ya existía sin saberlo. Ahora, el mundo de Kafka sabe que existe. Los personajes de Kundera no necesitan amanecer convertidos en insectos porque la historia de la Europa central se encargó de demostrarle que un hombre no necesita ser un insecto para ser tratado como un insecto. Obra maestra de la actual narrativa europea, La vida está en otra parte ha revelado al público hispánico a uno de los grandes escritores de hoy”. 3

“El hombre que ha sido desterrado del refugio seguro de la infancia, quiere entrar en el mundo, pero, al mismo tiempo, le teme, y por eso crea con sus versos uno artificial, supletorio. Deja que sus poemas giren en torno a él, como las plantas lo hacen alrededor del sol; se convierte en el centro de un pequeño universo, en el que nada le es extraño, en el que se siente en su casa, como el niño dentro de la madre, pues todo está hecho de la misma materia que su alma. Allí es donde puede realizar todo eso que afuera es tan difícil; allí puede, como el estudiante Olker, ir con las masas proletarias a la revolución, y como el virginal Rimbaud, azotar a sus pequeñas amantes, pero esas masas y esas amantes no están hechas de la materia hostil de un mundo extraño, sino de la materia de sus propios sueños; son, por lo tanto, lo mismo que él y no interfieren la unidad del universo que ha construido para sí mismo". (5)

“El libro de la risa y el olvido” (1981) —unas memorias que provocaron la revocación de su ciudadanía checa—, Tamira, a quien el exilio obliga a trabajar como camarera, lucha desesperadamente contra el olvido que empieza ya a difuminar el recuerdo de su marido, muerto y a todas luces irreemplazable. La historia de esa hermosa exiliada contiene las dos verdades fundamentales del libro: la experiencia trágica de Praga y la de la vida en el mundo occidental, sometida a la perspectiva escéptica del autor. 4

"La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia”. (1)

Esta novela excepcionalmente viva en contrastes alterna situaciones políticas con escenas de un erotismo ambiguo, un relato onírico con una enorme farsa en la que unos poetas ebrios —Goethe, Petrarca y Lérmontov— intercambian frases tan incongruentes como insultantes. Las siete partes de esta “novela en forma de variaciones”, según el propio autor, se suceden como siete etapas de un viaje.
El humor aparece teñido de profunda tristeza: asombro ante la fragilidad y vulnerabilidad del erotismo, que en cualquier momento puede degenerar en risible pantomima; vértigo ante la Historia, cuya progresión es una carrera hacia su fin; reflexión sobre el destino del escritor y de su país, amenazado entonces por la aniquilación y el olvido. Desde sus inicios, Milan Kundera persigue un mismo proyecto estético: la unión de los imposibles, lo más serio y lo más frívolo, lo más real y lo más lúdico. En “El libro de la risa y el olvido”, lo ha alcanzado plenamente. (5)

“La insoportable levedad del ser” (1984) Es una historia de amor en medio de la represión y la burocracia, fue llevada al cine con éxito y se ha convertido en un texto clave de la historia de la disidencia en el este de Europa, situando a su autor entre los principales escritores del continente. Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente.

“Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte). Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. ¿Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”. (4)

La asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez.
“Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad”. (4)

Esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa por Tomás, el terco amor de éste por ella opuesto a su irreflenable deseo de otras mujeres, el idealismo lírico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad de ésta, amante también de Tomás, de perseguir incansable, una libertad que tan sólo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple anécdota en reflexión sobre problemas filosóficos que, afectan a cada uno directamente, cada día.

“La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes”. (4)

“La inmortalidad” (1991). A partir del gesto encantador de una mujer de cierta edad, el escritor crea el personaje de Agnes, alrededor de la cual aparecerán su hermana Laura, su marido Paul, y todo nuestro mundo contemporáneo en el que se rinde culto a la tecnología y la imagen. Pero ¿y si el hombre no fuera sino su imagen?, pregunta otro personaje, Rubens, quien comprueba finalmente que de la más excitante de sus amantes sólo le quedan dos o tres fotografías mentales. Esta novela transforma todos los aspectos del mundo moderno en cuestiones metafísicas. Su forma es polifónica: las aventuras de los personajes imaginarios se mezclan con la historia de dos candidatos a la inmortalidad, Goethe y Bettina von Armin; la reflexión sobre el nacimiento del homo senti-mentalis en la historia de Europa alterna con las peripecias parisienses del singular profesor Avenarius, para quien el mundo de hoy no sirve sino como objeto de juego. Kundera tiene el don de decir del modo más cristalino lo que a uno le resulta más difícil decirse, y en esta novela alcanza la cima de esta facultad.7

"Cuando era pequeña el padre le enseñó a jugar al ajedrez. Le había llamado la atención un movimiento que recibe el nombre de enroque: el jugador cambia en una sola jugada la posición de dos figuras: pone la torre junto al rey y desplaza al rey hacia la esquina, al lado del sitio que ocupaba la torre. Aquel movimiento le había gustado: el enemigo concentra todo su esfuerzo en amenazar al rey y éste de pronto desaparece ante sus ojos; se va a vivir a otra parte. Soñaba toda su vida con ese movimiento y soñaba con él tanto más cuanto más cansada estaba". (2)

“La despedida” (1975), en un balneario algo trasnochado convergen temporalmente ocho personas cuyas circunstancias se van entretejiendo paulatinamente hasta formar, con la precisión de una telaraña, una trama en la que todos, directa o indirectamente, acaban viéndose atrapados: el músico célebre y la hermosa enfermera que quiere quedarse embarazada; la celosísima esposa del músico y el joven mecánico enamorado de la enfermera; el ex convicto, víctima de las purgas de su país, que va a despedirse de la muy cerebral Olga; el ginecólogo, con sus fanfarrones proyectos demográficos; el rico excéntrico, una versión de santo moderno. La despedida tiene la ligereza y la magia de un vals, de “un sueño de una noche de verano”. Pero, tras esta forma intencionadamente frívola, se oculta la pregunta más grave: ¿merece el hombre vivir en esta tierra ? ¿Acaso no hay que “liberar el planeta de la garras del hombre”? En este sentido, cuesta imaginar algo más glacial y más profundo que la aparente ligereza de Kundera.

En “Jacques y su amo: Homenaje a Denis Diderot”, en 1972, el joven director de teatro francés Georges Werler fue a ver a Milan Kundera a Praga y se llevó bajo mano a París el manuscrito de su obra de teatro Jacques y su amo. Kundera la había escrito después de la invasión soviética, cuando toda su obra, pasada y futura, había quedado borrada de las letras checoslovacas. Es una antigua admiración por la novela de Diderot, Jacques el Fatalista, la que le inspiró este “divertimento en los tiempos de la peste”, esta muy libre “variación sobre Diderot”, en la que su imaginación se unió a la del gran escritor francés del Siglo de las Luces.

Siendo Diderot, para Kundera, ante todo un novelista, uno de los más originales que la Historia haya conocido, esta obra teatral es, paradójicamente, un encuentro con el Diderot novelista, en el que Kundera procura otorgar a su comedia toda la libertad formal que, según él, “el Diderot-autor teatral jamás conoció”.
Sobre la base frágil del viaje de Jacques y su amo se asientan tres historias de amor: la del Amo, la de Jacques y la de Mme. De la Pommeraye. La vinculación entre estas tres historias “es una evidente transgresión de lo que se llaman las leyes de la construcción dramática”, reconoce Kundera. De hecho, se entremezclan polifónicamente, y cada una de las tres historias es, a su vez, variación de la otra.

Es a partir de 1968, en la época en que Kundera vivía en Praga “el final violento de la cultura occidental”, cuando saborea esta deslumbrante libertad diderotiana como se saborean los valores condenados y sin porvenir. Por eso, quizá, la atmósfera libertina y el humor de este “homenaje teatral” estén empañados por cierta melancolía, desconocida en el siglo de los enciclopedistas. “Introducción a una variación”, que precede la obra, es una reflexión del autor sobre el arte de la novela, sobre Sterne y Diderot, sobre la técnica de las variaciones y sobre su propia obra. 8

Si alguien sabe escribir novelas, creo que uno de ellos es Milan Kundera, pero es a través del ensayo que nos lo dice, en “El arte de la novela” (1986), Kundera refiere:“¿Debo acaso insistir en que no tengo la más mínima ambición teórica y que este libro no es sino la confesión de un "practicante"? La obra de cada novelista contiene una visión implícita de la historia de la novela, una idea de lo que es la novela: es esta idea de la novela, inherente a mis novelas, la que he procurado dejar hablar”.

En estos siete textos relativamente independientes, pero vinculados en un único ensayo, Milan Kundera expone su concepción personal de la novela europea, —si creíamos que en el ensayo, Kundera dejaría la ligereza de la vida, nos equivocamos—, nos refiere: “arte nacido de la risa de Dios”. ¿Está su historia en vías de terminarse? El caso es que hoy, en la época de las “paradojas terminales”, la novela “ya no puede vivir en paz con el espíritu de nuestro tiempo: si aún quiere ‘progresar’ en tanto que la novela, no puede sino hacerlo en contra del progreso del mundo”.

Uno de los textos está dedicado a Hermann Broch, otro a Franz Kafka, y, desde la primera hasta la última línea, la reflexión de Kundera es una constante referencia a los autores que constituyen los pilares de su “historia personal de la novela”: Rabelais, Cervantes, Sterne, Diderot, Flaubert, Tolstoi, Musil, Gombrowicz. En dos diálogos, el autor habla de su propio arte (arte en el sentido casi artesanal de la palabra), de las distintas maneras de crear un “ego experimental”, transformarse como Borges en personaje de su propia literatura, en uno de sus personajes, de la polifonía, de la composición… 9

“La lentitud” (1994), Milan Kundera se sirve a la vez de una novela francesa del siglo XVIII y de una excursión que a él y a su mujer se les antoja hacer a un castillo de Francia convertido en hotel, para ir dando vida a una serie de personajes del pasado y del presente que terminan coincidiendo en un congreso de entomólogos que se celebra en sus salones. Personajes e historias de ayer y de hoy van entrelazándose de tal manera que a nadie sorprenderá, por ejemplo, que un hombre enfundado en un casco de motociclista, azorado e impaciente, se aleje en su moto a toda velocidad, mientras otro, con una peluca blanca, adormilado y ensimismado, se sube a una calesa que parece salida de una estampa del pasado : el primero desea sin duda dejar algo tras de sí a toda prisa ; el segundo, en cambio, parece disponerse a rememorar, al paso lento del caballo, la noche que acaba de pasar con la intrigante y seductora Madame de T.

“Los testamentos traicionados” (1995) Este ensayo está escrito como una novela: al filo de nueve partes independientes, los mismos personajes pasan y se cruzan: Stravinski y Kafka acompañados de sus peculiares amigos, Ernest Ansermet y Max Brod; Hemingway con su biógrafo; Leos Janacek con su pequeña nación; Rabelais con sus herederos: los grandes novelistas. El arte de la novela es la protagonista indiscutible de este libro, el espíritu del humor que lo engendró; su misterioso parentesco con la música; su historia, que evoluciona, como la de la música, en tres tiempos; la estética de su tercer tiempo, el de la novela moderna; su sabiduría existencial. 11

Es precisamente a la luz de esta “sabiduría de la novela” como examina en este libro las grandes situaciones de nuestra era : los procesos morales contra el arte del siglo, desde Céline hasta Maiakovski; el tiempo que pasa y hace que la identidad del “yo” presente se llene de incertidumbre con respecto al “yo” de ayer; el recuerdo como una forma de olvido —o el “Yo” oscilando ente el recuerdo y el olvido—; el pudor como noción esencial de una época basada en el individuo ; la indiscreción que, convertida en regla y costumbre, anuncia el crepúsculo del individualismo; la fuerza misteriosa de la voluntad de un muerto; los testamentos; los testamentos traicionados (de Europa, del arte, del arte de la novela, de los artistas). 12

“La identidad” (1996). Chantal y Jean-Marc viven juntos en París y se quieren, se quieren tanto que incluso parecen confundirse. Y es que, a veces, se dan situaciones en las que, por un instante, ninguno de los dos parece reconocerse, en el que la identidad del otro se disuelve y, de rechazo, duda de la suya propia. Todo el que ama, todo el que convive en pareja, lo ha vivido alguna vez, porque lo que más teme en el mundo quien ama es “perder de vista” al ser amado. Pues eso es lo que, poco a poco, va a empezar a ocurrirles a Chantal y a Jean-Marc. Pero ¿en qué instante, ante qué gesto y en qué circunstancia precisa comienza ese aterrador proceso? Kundera atrapa al lector en el pánico que acompaña ese instante de extravío y éste ya no tendrá más remedio que adentrarse en el laberinto que recorren Chantal y Jean-Marc y en el que más de una vez deberá cruzar la frontera de lo real y lo irreal —o entre lo que ocurre en el mundo exterior y lo que elabora una mente en solitario—.

“La ignorancia” (1996), una mujer y un hombre se encuentran por casualidad durante su viaje de regreso al país natal del que emigraron hace veinte años. ¿Podrán reemprender una extraña historia de amor, apenas iniciada entonces en su tierra? El caso es que, tras tan larga ausencia, “sus recuerdos no se parecen”. Porque “nuestra memoria, la pobre, ¿qué puede hacer? Sólo es capaz de retener del pasado una miserable pequeña parcela sin que nadie sepa por qué precisamente ésa y no otra…”. Vivimos sumidos en un inmenso olvido, y no queremos saberlo. Sólo aquellos que, como Ulises, vuelven después de veinte años a su Ítaca natal pueden ver de cerca, atónitos y deslumbrados, a la diosa de la ignorancia. 13

“El telón” (2000). Sólo el gran arte de la novela es capaz de desgarrar por un instante el telón de prejuicios y preinterpretaciones con que desciframos no sólo nuestra vida sino la historia entera de la humanidad. Más aún: tal vez la novela sea el último observatorio que nos permite abrazar la existencia humana en su conjunto y lanzar “una mirada al alma de las cosas”. Sólo un novelista y ensayista como Milan Kundera nos puede invitar tras el telón a participar en el secreto diálogo que mantienen los grandes nombres de la tradición occidental. Unas obras iluminan a otras, los escritores descubren aspectos inusitados en sus antecesores, que a su vez inspirarán a sus sucesores de muy diversa manera: Rabelais, Cervantes, Diderot, Fielding, Flaubert, Joyce, Kafka, García Márquez... El resultado es una pequeña y particular “pléyade” literaria que Kundera comparte con los lectores y una iluminadora historia personal de la literatura. 15

“Un encuentro” (2009), el autor reflexiona, como confiesa al principio del libro, sobre sus “viejos temas existenciales y estéticos”, lo cierto es que en este apasionado -y apasionante- “encuentro” con algunas obras maestras de la literatura, la música y la pintura, el escritor checo aborda cuestiones hasta ahora poco o nada transitadas en sus libros anteriores. Así, explora lo que la novela -y sólo la novela, esa “sonda existencial”- puede explicar sobre el ser humano, e indaga asimismo en las repercusiones, no siempre negativas, que el exilio tiene para el creador (con una emocionante comparación entre las dos Primaveras del 68, la de París y la de Praga). También desentraña el papel de la memoria ante las tragedias del siglo XX y habla de la lucha desesperada del verdadero artista por asumir lo mejor de la tradición de su arte (con una irónica pregunta sobre lo que la posteridad conserva finalmente de los autores). Por último, sostiene que sólo un análisis a fondo de la composición formal de una obra revela las intenciones estéticas de su autor (y lo demuestra con un breve y fascinante ensayo dedicado a kaputt y a la que califica de genial archinovela, “La piel”, de Curzio Malaparte).


Bibliografía
Índice de obras:
1.        Milan Kundera, La broma. Editorial: Tusquets, 2012 (1965)
2.        Idem
3.        Milan Kundera, La vida está en otra parte, Seix Barral 1969.
4.        Milan Kundera, El libro de la risa y el olvido, Seix Barral, 1978.
5.        Idem
6.        Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, Tusquets, 2008 (1984)
7.        Milan Kundera, La inmortalidad, Tusquets, 1988.
8.        Milan Kundera, Jacques y su amo: Homenaje a Denis Diderot, Tusquets, 1981.
9.       Milan Kundera, El arte de la novela, Tusquets, 1960.
10.    Milan Kundera, La lentitud, Tusquets, 1994.
11.    Milan Kundera, Los testamentos traicionados, Tusquets, 1992.
12.     Idem
13.    Milan Kundera, La identidad, Tusquets, 1996.
14.    Milan Kundera, La ignorancia, Editorial: Tusquets, 2000.
15.    Milan Kundera, El telón, Tusquets, 2009, (2005).
16.    Milan Kundera, Un encuentro, Tusquets, 2009.


Índice de Fragmentos
1)            El Libro de la risa y el olvido (fragmento)
2)            Inmortalidad (fragmento)
3)            La broma (fragmento)
4)            La insoportable levedad del ser (fragmento)
5)            La vida está en otra parte (fragmento)
6)         El libro de los amores ridículos (fragmento)

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