No
recuerdo cuando leí mi primer libro de Milan Kundera, pero podría asegurar que
fue La insoportable levedad del ser, después me he ido volviendo un lector
asiduo a sus palabras a su trabajo por la memoria y el olvido a su proyecto
estético: la unión de los imposibles, lo más serio y lo más frívolo, lo más
real y lo más lúdico, una especie de culto a lo ligero a la levedad del
espíritu humano. El día de ayer Carolina o Alejandra mi amiga imaginaria, subió
una nota donde se informaba acerca del cumpleaños 84 del autor; con ella creo
que hemos sostenido larguísimas platicas acerca de la obra del otro señor “K”,
y creo que estas aún no terminan – espero –; y por su culpa comencé a escribir
este texto, sobre la novelística de Kundera, la cual también es una oscilación
frecuente entre el olvido y la memoria, o bien un rescate del ser a través de
su levedad.
Milan
Kundera (Rep. Checa, 1929). Novelista checo. Nació un primero de abril en Brno,
estudió en el Carolinum de Praga y dio clases de historia del cine en la
Academia de Música y Arte Dramático desde 1959 a 1969, y posteriormente en el
Instituto de Estudios Cinematográficos de Praga. También trabajó como jornalero
y músico de jazz. Sus primeras novelas, entre las que se encuentran “La broma”,
publicado en Praga en 1967, con ciento veinte mil ejemplares agotados en breves
días, y tildado dos años más tarde de “Biblia de la contrarrevolución”,
prohibido, retirado de todas las bibliotecas públicas, acogido en Francia por
Louis Aragon como “una de las mayores novelas de nuestro siglo”, presentado en
Estados Unidos por Philip Roth y traducido a veintiún idiomas, La broma es un libro
que forma parte del destino de la Europa contemporánea. 1
"Niños, ustedes son el futuro, dijo y yo
sé ahora que aquello tenía un sentido distinto de lo que pudiera parecer a
primera vista. Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores,
sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la
infancia es la imagen del futuro. Niños, no miréis nunca hacía atrás, decía y
quería decir que no debemos permitir nunca que el futuro se hunda bajo el peso
de la memoria. Tampoco los niños tienen pasado y ese es el secreto de la
encantadora inocencia de su sonrisa”. (3)
El autor nos advierte:
“Es una novela de amor”. La novela es de un amor tierno e insatisfecho por
Lucie, joven trabajadora de enigmática sencillez, y de un amor-odio, sensual y
cínico, que Ludvik experimenta por Helena, esposa de su enemigo: el doble canto
melancólico de la división entre carne y alma. Pero se trata también de la
novela de una broma extraviada en un mundo que ha perdido el sentido del humor.
Una chanza fútil y mal comprendida ha roto la vida de Ludvik, aterrado al
advertir que su tragedia personal quedará para siempre adherida al ridículo de
un chiste. La comedia privada está enlazada con el gran espectáculo de la
política, que se nos aparece como un equívoco de ilusiones sociales; la
Historia, que era una diosa para Hegel, se ha convertido en un personaje de
vodevil. 2
“A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo
de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias
que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida,
con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente
alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es
necesario resolver. Que las historias que en nuestra vida vivimos son la
mitología de esa vida, y que en esa mitología está la clave de la verdad y del
secreto. Que es una ficción? Es posible, es incluso probable, pero no soy capaz
de librarme de esta necesidad de descifrar permanentemente mi propia vida”. (3)
Esta novela, a un mismo
tiempo implacable y nostálgica, ya que no sólo son objeto de indagación la
Historia, el amor, la juventud, sino también el hombre mismo, los hombres. Jean-Paul
Sartre lo indicó: “La pregunta que plantea Kundera es sumamente radical: ¿por
qué debiéramos sentir amor por ellos? Sí, ¿por qué? Tal vez podremos responder
a esta pregunta un día, tal vez nunca”.
“El libro de los amores
ridículos”, tal
vez por haber sido escritas en el periodo (entre 1959, y 1968) el más feliz de
la vida de Milan Kundera, según sus propias palabras, estas narraciones son las
más alegres, las más seriamente desvergonzadas y las más reflexivamente
divertidas de su obra. La farándula de personajes hedonistas que desfila aquí
ante nosotros en busca de los juegos múltiples y contradictorios de la amistad,
el amor y el sexo no puede sino incitar a la risa, atrapados como están en el
mundo loco de severidad, hermetismo e inquisición que les rodea. Una risa
auténtica, traviesa ; un humor sabio, sagaz y gozador, al que ya nos tiene
acostumbrados el autor de “La insoportable levedad del ser”.
“Y así Eduard se sienta de vez en cuando en la
iglesia y mira pensativo hacia la cúpula. Despidámonos de él precisamente en
uno de esos momentos: es por la tarde, la iglesia está silenciosa y vacía.
Eduard está sentado en un banco de madera y le da lástima que Dios no exista. Y
precisamente en ese momento su lástima es tan grande que de las profundidades
de ella surge de pronto el verdadero, vivificante rostro de Dios. (…) ¡Mírenlo!
¡Sí! ¡Eduard sonríe! Sonríe y su sonrisa es feliz (...) Consérvenlo, por favor,
en su memoria con esta sonrisa”. (6)
“La vida está en otra
parte”
(1973), atacan con ironía al modelo de sociedad comunista. Tras la invasión
soviética de Checoslovaquia en 1968, perdió su trabajo y sus obras fueron
prohibidas. El tema de La vida está en otra parte es el destino de un poeta,
marcado desde su adolescencia por el signo de Rimbaud, que vive en el seno de
una sociedad estalinista, en la que su conciencia deberá pactar con el
humanismo oficial hasta llegar a la colaboración con las actividades
policiales. En esta paradoja trágica, la Historia se encarga de sumergirnos en
una atmósfera de ironía kafkiana.
“En la rima y el ritmo hay un poder mágico: el
mundo imforme al ser apresado en un poema que responde a reglas fijas se vuelve
repentinamente diáfano, regular, claro y bello. Si la muerte sobreviene
precisamente cuando al final del verso anterior le ha tocado en suerte, hasta
ella misma se conviete en parte armónica del orden establecido. Aunque el poema
protestara contra la muerte, la muerte quedaría justificada, al menos como
motivo de una bella protesta. Los huesos, las rosas, los féretros, las heridas,
todo se convierte en el poema en un ballet y el poeta y su lector son los
bailarines de ese ballet. Claro que los que bailan tienen que estar de acuerdo
con el baile. A través del poema, realiza el hombre su concordancia con el ser,
y la rima y el ritmo son los medios más drásticos de obtener esa concordancia.
Y, ¿no necesita la revolución triunfante la certificación brutal del nuevo
orden y, por lo tanto, una lírica llena de rimas? (5)
En 1975, consiguió
emigrar a Francia, donde enseñó literatura comparada en la Universidad de
Rennes (1975-1980), y más tarde en la École des Hautes Études de Paris. Como
señala Carlos Fuentes: “Milan Kundera, el otro K de Checoslovaquia, no necesita
acudir a forma alegórica alguna para provocar la extrañeza y la incomodidad con
la que Franz Kafka invadió de formas luminosas un mundo que ya existía sin
saberlo. Ahora, el mundo de Kafka sabe que existe. Los personajes de Kundera no
necesitan amanecer convertidos en insectos porque la historia de la Europa
central se encargó de demostrarle que un hombre no necesita ser un insecto para
ser tratado como un insecto. Obra maestra de la actual narrativa europea, La
vida está en otra parte ha revelado al público hispánico a uno de los grandes
escritores de hoy”. 3
“El hombre que ha sido desterrado del refugio
seguro de la infancia, quiere entrar en el mundo, pero, al mismo tiempo, le
teme, y por eso crea con sus versos uno artificial, supletorio. Deja que sus
poemas giren en torno a él, como las plantas lo hacen alrededor del sol; se
convierte en el centro de un pequeño universo, en el que nada le es extraño, en
el que se siente en su casa, como el niño dentro de la madre, pues todo está
hecho de la misma materia que su alma. Allí es donde puede realizar todo eso
que afuera es tan difícil; allí puede, como el estudiante Olker, ir con las
masas proletarias a la revolución, y como el virginal Rimbaud, azotar a sus
pequeñas amantes, pero esas masas y esas amantes no están hechas de la materia hostil
de un mundo extraño, sino de la materia de sus propios sueños; son, por lo
tanto, lo mismo que él y no interfieren la unidad del universo que ha
construido para sí mismo". (5)
“El libro de la risa y
el olvido”
(1981) —unas memorias que provocaron la revocación de su ciudadanía checa—, Tamira,
a quien el exilio obliga a trabajar como camarera, lucha desesperadamente
contra el olvido que empieza ya a difuminar el recuerdo de su marido, muerto y
a todas luces irreemplazable. La historia de esa hermosa exiliada contiene las
dos verdades fundamentales del libro: la experiencia trágica de Praga y la de
la vida en el mundo occidental, sometida a la perspectiva escéptica del autor. 4
"La borró de la fotografía de su vida no
porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto
con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro
mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le
interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos
excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los
hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan
por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben
las biografías y la historia”. (1)
Esta novela
excepcionalmente viva en contrastes alterna situaciones políticas con escenas
de un erotismo ambiguo, un relato onírico con una enorme farsa en la que unos
poetas ebrios —Goethe, Petrarca y Lérmontov— intercambian frases tan
incongruentes como insultantes. Las siete partes de esta “novela en forma de
variaciones”, según el propio autor, se suceden como siete etapas de un viaje.
El humor aparece teñido
de profunda tristeza: asombro ante la fragilidad y vulnerabilidad del erotismo,
que en cualquier momento puede degenerar en risible pantomima; vértigo ante la
Historia, cuya progresión es una carrera hacia su fin; reflexión sobre el
destino del escritor y de su país, amenazado entonces por la aniquilación y el
olvido. Desde sus inicios, Milan Kundera persigue un mismo proyecto estético:
la unión de los imposibles, lo más serio y lo más frívolo, lo más real y lo más
lúdico. En “El libro de la risa y el olvido”, lo ha alcanzado plenamente. (5)
“La insoportable
levedad del ser”
(1984) Es una historia de amor en medio de la represión y la burocracia, fue
llevada al cine con éxito y se ha convertido en un texto clave de la historia
de la disidencia en el este de Europa, situando a su autor entre los
principales escritores del continente. Esta es una extraordinaria historia de
amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las
debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se
entrelazan irremediablemente.
“Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y
lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese
momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba
muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte
de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa
imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y
permaneció así durante mucho tiempo.....Y le dio pena que en una situación como
aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una
decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que
había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría
sobrevivir a su muerte). Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que
en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca
puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de
compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor,
porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin
preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo.
¿Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la
vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra
precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para
un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada,
un borrador sin cuadro”. (4)
La asombrosa capacidad
de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado
en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica
sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo
el mismo personaje, cuando no todos a la vez.
“Si cada uno de los instantes de nuestra vida
se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo
a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre
cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el
cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si
el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden
aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad”. (4)
Esta novela va dirigida
al corazón, pero también a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa
por Tomás, el terco amor de éste por ella opuesto a su irreflenable deseo de
otras mujeres, el idealismo lírico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad
de ésta, amante también de Tomás, de perseguir incansable, una libertad que tan
sólo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple
anécdota en reflexión sobre problemas filosóficos que, afectan a cada uno
directamente, cada día.
“La carga más pesada nos destroza, somos
derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria
de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La
carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa
plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará
nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta
de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo
alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias
y sus movimientos sean tan libres como insignificantes”. (4)
“La inmortalidad” (1991). A partir del
gesto encantador de una mujer de cierta edad, el escritor crea el personaje de
Agnes, alrededor de la cual aparecerán su hermana Laura, su marido Paul, y todo
nuestro mundo contemporáneo en el que se rinde culto a la tecnología y la
imagen. Pero ¿y si el hombre no fuera sino su imagen?, pregunta otro personaje,
Rubens, quien comprueba finalmente que de la más excitante de sus amantes sólo
le quedan dos o tres fotografías mentales. Esta novela transforma todos los
aspectos del mundo moderno en cuestiones metafísicas. Su forma es polifónica:
las aventuras de los personajes imaginarios se mezclan con la historia de dos
candidatos a la inmortalidad, Goethe y Bettina von Armin; la reflexión sobre el
nacimiento del homo senti-mentalis en la historia de Europa alterna con las
peripecias parisienses del singular profesor Avenarius, para quien el mundo de
hoy no sirve sino como objeto de juego. Kundera tiene el don de decir del modo
más cristalino lo que a uno le resulta más difícil decirse, y en esta novela
alcanza la cima de esta facultad.7
"Cuando era pequeña el padre le enseñó a
jugar al ajedrez. Le había llamado la atención un movimiento que recibe el
nombre de enroque: el jugador cambia en una sola jugada la posición de dos
figuras: pone la torre junto al rey y desplaza al rey hacia la esquina, al lado
del sitio que ocupaba la torre. Aquel movimiento le había gustado: el enemigo
concentra todo su esfuerzo en amenazar al rey y éste de pronto desaparece ante
sus ojos; se va a vivir a otra parte. Soñaba toda su vida con ese movimiento y
soñaba con él tanto más cuanto más cansada estaba". (2)
“La despedida” (1975), en un
balneario algo trasnochado convergen temporalmente ocho personas cuyas
circunstancias se van entretejiendo paulatinamente hasta formar, con la
precisión de una telaraña, una trama en la que todos, directa o indirectamente,
acaban viéndose atrapados: el músico célebre y la hermosa enfermera que quiere
quedarse embarazada; la celosísima esposa del músico y el joven mecánico
enamorado de la enfermera; el ex convicto, víctima de las purgas de su país,
que va a despedirse de la muy cerebral Olga; el ginecólogo, con sus fanfarrones
proyectos demográficos; el rico excéntrico, una versión de santo moderno. La
despedida tiene la ligereza y la magia de un vals, de “un sueño de una noche de
verano”. Pero, tras esta forma intencionadamente frívola, se oculta la pregunta
más grave: ¿merece el hombre vivir en esta tierra ? ¿Acaso no hay que “liberar
el planeta de la garras del hombre”? En este sentido, cuesta imaginar algo más
glacial y más profundo que la aparente ligereza de Kundera.
En “Jacques y su amo: Homenaje a
Denis Diderot”, en 1972, el joven director de teatro francés
Georges Werler fue a ver a Milan Kundera a Praga y se llevó bajo mano a París
el manuscrito de su obra de teatro Jacques y su amo. Kundera la había escrito
después de la invasión soviética, cuando toda su obra, pasada y futura, había
quedado borrada de las letras checoslovacas. Es una antigua admiración por la
novela de Diderot, Jacques el Fatalista, la que le inspiró este “divertimento
en los tiempos de la peste”, esta muy libre “variación sobre Diderot”, en la
que su imaginación se unió a la del gran escritor francés del Siglo de las
Luces.
Siendo
Diderot, para Kundera, ante todo un novelista, uno de los más originales que la
Historia haya conocido, esta obra teatral es, paradójicamente, un encuentro con
el Diderot novelista, en el que Kundera procura otorgar a su comedia toda la libertad
formal que, según él, “el Diderot-autor teatral jamás conoció”.
Sobre
la base frágil del viaje de Jacques y su amo se asientan tres historias de
amor: la del Amo, la de Jacques y la de Mme. De la Pommeraye. La vinculación
entre estas tres historias “es una evidente transgresión de lo que se llaman
las leyes de la construcción dramática”, reconoce Kundera. De hecho, se
entremezclan polifónicamente, y cada una de las tres historias es, a su vez,
variación de la otra.
Es
a partir de 1968, en la época en que Kundera vivía en Praga “el final violento
de la cultura occidental”, cuando saborea esta deslumbrante libertad
diderotiana como se saborean los valores condenados y sin porvenir. Por eso,
quizá, la atmósfera libertina y el humor de este “homenaje teatral” estén
empañados por cierta melancolía, desconocida en el siglo de los
enciclopedistas. “Introducción a una variación”, que precede la obra, es una
reflexión del autor sobre el arte de la novela, sobre Sterne y Diderot, sobre
la técnica de las variaciones y sobre su propia obra. 8
Si alguien sabe escribir novelas, creo
que uno de ellos es Milan Kundera, pero es a través del ensayo que nos lo dice,
en “El arte de la novela” (1986), Kundera refiere:“¿Debo acaso insistir en que
no tengo la más mínima ambición teórica y que este libro no es sino la
confesión de un "practicante"? La obra de cada novelista contiene una
visión implícita de la historia de la novela, una idea de lo que es la novela:
es esta idea de la novela, inherente a mis novelas, la que he procurado dejar
hablar”.
En estos siete textos relativamente
independientes, pero vinculados en un único ensayo, Milan Kundera expone su
concepción personal de la novela europea, —si creíamos que en el ensayo,
Kundera dejaría la ligereza de la vida, nos equivocamos—, nos refiere: “arte
nacido de la risa de Dios”. ¿Está su historia en vías de terminarse? El caso es
que hoy, en la época de las “paradojas terminales”, la novela “ya no puede
vivir en paz con el espíritu de nuestro tiempo: si aún quiere ‘progresar’ en
tanto que la novela, no puede sino hacerlo en contra del progreso del mundo”.
Uno de los textos está dedicado a
Hermann Broch, otro a Franz Kafka, y, desde la primera hasta la última línea,
la reflexión de Kundera es una constante referencia a los autores que
constituyen los pilares de su “historia personal de la novela”: Rabelais,
Cervantes, Sterne, Diderot, Flaubert, Tolstoi, Musil, Gombrowicz. En dos
diálogos, el autor habla de su propio arte (arte en el sentido casi artesanal
de la palabra), de las distintas maneras de crear un “ego experimental”,
transformarse como Borges en personaje de su propia literatura, en uno de sus
personajes, de la polifonía, de la composición… 9
“La lentitud”
(1994), Milan Kundera se sirve a la vez de una novela francesa del siglo XVIII
y de una excursión que a él y a su mujer se les antoja hacer a un castillo de
Francia convertido en hotel, para ir dando vida a una serie de personajes del
pasado y del presente que terminan coincidiendo en un congreso de entomólogos
que se celebra en sus salones. Personajes e historias de ayer y de hoy van
entrelazándose de tal manera que a nadie sorprenderá, por ejemplo, que un hombre
enfundado en un casco de motociclista, azorado e impaciente, se aleje en su
moto a toda velocidad, mientras otro, con una peluca blanca, adormilado y
ensimismado, se sube a una calesa que parece salida de una estampa del pasado :
el primero desea sin duda dejar algo tras de sí a toda prisa ; el segundo, en
cambio, parece disponerse a rememorar, al paso lento del caballo, la noche que
acaba de pasar con la intrigante y seductora Madame de T.
“Los testamentos traicionados”
(1995) Este ensayo está escrito como una novela: al filo de nueve partes
independientes, los mismos personajes pasan y se cruzan: Stravinski y Kafka
acompañados de sus peculiares amigos, Ernest Ansermet y Max Brod; Hemingway con
su biógrafo; Leos Janacek con su pequeña nación; Rabelais con sus herederos: los grandes novelistas. El arte de la
novela es la protagonista indiscutible de este libro, el espíritu del humor que
lo engendró; su misterioso parentesco con la música; su historia, que
evoluciona, como la de la música, en tres tiempos; la estética de su tercer tiempo,
el de la novela moderna; su sabiduría existencial. 11
Es precisamente a la luz de esta
“sabiduría de la novela” como examina en este libro las grandes situaciones de
nuestra era : los procesos morales contra el arte del siglo, desde Céline hasta
Maiakovski; el tiempo que pasa y hace que la identidad del “yo” presente se
llene de incertidumbre con respecto al “yo” de ayer; el recuerdo como una forma
de olvido —o el “Yo” oscilando ente el recuerdo y el olvido—; el pudor como
noción esencial de una época basada en el individuo ; la indiscreción que,
convertida en regla y costumbre, anuncia el crepúsculo del individualismo; la
fuerza misteriosa de la voluntad de un muerto; los testamentos; los testamentos
traicionados (de Europa, del arte, del arte de la novela, de los artistas). 12
“La identidad” (1996). Chantal y Jean-Marc
viven juntos en París y se quieren, se quieren tanto que incluso parecen
confundirse. Y es que, a veces, se dan situaciones en las que, por un instante,
ninguno de los dos parece reconocerse, en el que la identidad del otro se
disuelve y, de rechazo, duda de la suya propia. Todo el que ama, todo el que
convive en pareja, lo ha vivido alguna vez, porque lo que más teme en el mundo
quien ama es “perder de vista” al ser amado. Pues eso es lo que, poco a poco,
va a empezar a ocurrirles a Chantal y a Jean-Marc. Pero ¿en qué instante, ante
qué gesto y en qué circunstancia precisa comienza ese aterrador proceso?
Kundera atrapa al lector en el pánico que acompaña ese instante de extravío y
éste ya no tendrá más remedio que adentrarse en el laberinto que recorren
Chantal y Jean-Marc y en el que más de una vez deberá cruzar la frontera de lo
real y lo irreal —o entre lo que ocurre en el mundo exterior y lo que elabora
una mente en solitario—.
“La ignorancia”
(1996), una mujer y un hombre se encuentran por casualidad
durante su viaje de regreso al país natal del que emigraron hace veinte años.
¿Podrán reemprender una extraña historia de amor, apenas iniciada entonces en
su tierra? El caso es que, tras tan larga ausencia, “sus recuerdos no se
parecen”. Porque “nuestra memoria, la pobre, ¿qué puede hacer? Sólo es capaz de
retener del pasado una miserable pequeña parcela sin que nadie sepa por qué
precisamente ésa y no otra…”. Vivimos sumidos en un inmenso olvido, y no
queremos saberlo. Sólo aquellos que, como Ulises, vuelven después de veinte
años a su Ítaca natal pueden ver de cerca, atónitos y deslumbrados, a la diosa
de la ignorancia. 13
“El telón”
(2000). Sólo el gran arte de la novela es capaz de desgarrar por un instante el
telón de prejuicios y preinterpretaciones con que desciframos no sólo nuestra
vida sino la historia entera de la humanidad. Más aún: tal vez la novela sea el
último observatorio que nos permite abrazar la existencia humana en su conjunto
y lanzar “una mirada al alma de las cosas”. Sólo un novelista y ensayista como
Milan Kundera nos puede invitar tras el telón a participar en el secreto
diálogo que mantienen los grandes nombres de la tradición occidental. Unas
obras iluminan a otras, los escritores descubren aspectos inusitados en sus
antecesores, que a su vez inspirarán a sus sucesores de muy diversa manera:
Rabelais, Cervantes, Diderot, Fielding, Flaubert, Joyce, Kafka, García
Márquez... El resultado es una pequeña y particular “pléyade” literaria que Kundera
comparte con los lectores y una iluminadora historia personal de la literatura.
15
“Un encuentro” (2009), el autor reflexiona, como confiesa al principio
del libro, sobre sus “viejos temas existenciales y estéticos”, lo cierto es que
en este apasionado -y apasionante- “encuentro” con algunas obras maestras de la
literatura, la música y la pintura, el escritor checo aborda cuestiones hasta
ahora poco o nada transitadas en sus libros anteriores. Así, explora lo que la
novela -y sólo la novela, esa “sonda existencial”- puede explicar sobre el ser
humano, e indaga asimismo en las repercusiones, no siempre negativas, que el
exilio tiene para el creador (con una emocionante comparación entre las dos
Primaveras del 68, la de París y la de Praga). También desentraña el papel de
la memoria ante las tragedias del siglo XX y habla de la lucha desesperada del
verdadero artista por asumir lo mejor de la tradición de su arte (con una
irónica pregunta sobre lo que la posteridad conserva finalmente de los
autores). Por último, sostiene que sólo un análisis a fondo de la composición
formal de una obra revela las intenciones estéticas de su autor (y lo demuestra
con un breve y fascinante ensayo dedicado a kaputt y a la que
califica de genial archinovela, “La piel”, de Curzio Malaparte).
Bibliografía
Índice de obras:
1.
Milan
Kundera, La broma. Editorial: Tusquets, 2012 (1965)
2.
Idem
3.
Milan
Kundera, La vida está en otra parte, Seix Barral 1969.
4.
Milan
Kundera, El libro de la risa y el olvido, Seix Barral, 1978.
5.
Idem
6.
Milan
Kundera, La insoportable levedad del ser, Tusquets, 2008 (1984)
7.
Milan
Kundera, La inmortalidad, Tusquets, 1988.
8.
Milan
Kundera, Jacques y su amo: Homenaje a Denis Diderot, Tusquets, 1981.
9. Milan Kundera, El arte de la novela,
Tusquets, 1960.
10.
Milan
Kundera, La lentitud, Tusquets, 1994.
11. Milan Kundera, Los testamentos
traicionados, Tusquets, 1992.
12. Idem
13.
Milan
Kundera, La identidad, Tusquets, 1996.
14. Milan Kundera, La ignorancia, Editorial:
Tusquets, 2000.
15. Milan Kundera, El telón, Tusquets, 2009,
(2005).
16. Milan Kundera, Un encuentro, Tusquets,
2009.
Índice de Fragmentos
1) El Libro de la risa y el olvido
(fragmento)
2) Inmortalidad (fragmento)
3) La broma (fragmento)
4) La insoportable levedad del ser
(fragmento)
5) La vida está en otra parte
(fragmento)
6)
El libro de los amores ridículos (fragmento)
Sitios virtuales consultados
Milan Kundera

No hay comentarios:
Publicar un comentario